Los traidores espacios confinados

Segurmanía | 09/11/2020
Los traidores espacios confinados

Aunque estoy casi seguro de que muchos de ustedes lo saben, puede que alguno se esté preguntando que qué es un “espacio confinado” y, sobre todo, por qué les llamamos “traidores”.

Aunque estoy casi seguro de que muchos de ustedes lo saben, puede que alguno se esté preguntando que qué es un “espacio confinado” y, sobre todo, por qué les llamamos “traidores”.

Según el diccionario de la RAE, traidor es algo que implica o denota traición o falsía y nosotros siempre identificamos el riesgo asociado a los “espacios confinados” con la traición.

La NTP 223 define “espacio confinado” como “cualquier espacio con aberturas limitadas de entrada y salida y ventilación natural desfavorable, en el que pueden acumularse contaminantes tóxicos o inflamables, o tener una atmósfera deficiente en oxígeno, y que no está concebido para una ocupación continuada por parte del trabajador.”

Se trata de un riesgo muy habitual, demasiado habitual de hecho, en la industria y la construcción, que se materializa en pozos, fosas sépticas, alcantarillas, tanques de almacenamiento, cisternas de transporte y un largo etcétera, a los que hay que acceder por mantenimiento, limpieza o cualquier otra labor.

Es un “riesgo traidor” porque es difícil percibirlo. Las personas tenemos el instinto natural y nos ponemos en guardia ante riesgos más evidentes, como la altura, o el fuego… o incluso menos primigenios como la tensión eléctrica, sin embargo, el acceso a espacios confinados no se percibe instintivamente como un riesgo. Es más, desde la infancia tendemos a identificar los espacios cerrados como refugio y protección.

Es por ello por lo que, periódicamente y por desgracia, llegan a los medios de comunicación noticias de dos o más personas afectadas, incluso muertas, en un accidente laboral, producido por un espacio confinado, en los que un primer trabajador accede a un espacio de este tipo sin las adecuadas precauciones y, en el intento de salvarlos rápidamente, se exponen al riesgo sus propios compañeros.

El aire que habitualmente respiramos contiene un 21% de oxígeno. Por debajo del 18% comienzan problemas de coordinación y se acelera el pulso, si bien, los síntomas no se advierten fácilmente y no son de fiar, excepto para personas preparadas. La mayoría son incapaces de reconocer el peligro hasta que ya están demasiado débiles para escapar por sí mismas.

Por debajo del 17% se produce con inusitada rapidez la pérdida de conciencia. Por debajo del 16%, el desmayo tarda menos de un minuto. Por debajo del 10%, la pérdida de consciencia es casi inmediata, las secuelas de la hipoxia en el cerebro pueden ser muy graves y se tarda en morir entre 6 y 8 minutos.

Además de la ausencia de oxígeno, en un espacio escasamente ventilado pueden acumularse gases tóxicos, dióxido de carbono, metano o incluso nitrógeno, que desplacen el oxígeno, elementos generadores de atmósferas explosivas y, todo ello, puede estar presente antes de comenzar el trabajo o acumularse durante el desarrollo del mismo.

Para prevenir este riesgo, es necesario implantar un sistema de permisos de trabajo, acompañado de intensa formación e información, mediante el que nos aseguremos que se identifiquen rápidamente y nadie acceda a un espacio confinado sin el conocimiento previo de la estructura de prevención de la empresa y sin haber realizado todas las comprobaciones necesarias y tomado todas las medidas de prevención.

Entre éstas, estarán las mediciones previas y simultaneas a los trabajos de oxigeno o de gases peligrosos, según proceda. La instalación de ventilación forzada, el uso de equipos de respiración autónoma o semi-autónoma, la vigilancia externa continuada mediante la presencia del llamado “recurso preventivo” o el diseño y utilización de arneses, cuerdas y sistemas de sujeción óptimos para poder evacuar a una persona inconsciente por la apertura de acceso disponible, entre otras muchas posibilidades.

Luis Blanco Urgoiti, Secretario General de AVEQ-KIMIKA.

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