Riesgos no son (sólo) caídas

Segurmanía | 30/11/2018
Riesgos no son (sólo) caídas

En lenguaje común, en el día a día, aunque no son exactamente lo mismo, solemos usar indistintamente los términos “riesgo” y “peligro”, pero siempre los usamos para referirnos a accidentes súbitos, a impactos que pueden provocar daños, más o menos importantes, pero siempre repentinos: caídas, golpes, cortes o incluso quemaduras.

En lenguaje común, en el día a día, aunque no son exactamente lo mismo, solemos usar indistintamente los términos “riesgo” y “peligro”, pero siempre los usamos para referirnos a accidentes súbitos, a impactos que pueden provocar daños, más o menos importantes, pero siempre repentinos: caídas, golpes, cortes o incluso quemaduras.

Es habitual escuchar: “El parapente es un deporte de riesgo”, “Los bomberos se enfrentan al riesgo en sus intervenciones” o “Es peligroso cambiar un enchufe sin desconectar la corriente”. Sin embargo, no es nada usual oír “Es peligroso sentarse incorrectamente delante del ordenador” y, sin embargo, lo es.

En prevención de riesgos, y en toda la gestión de riesgos industriales, se identifica como peligroso aquello que es susceptible de causar un daño y esa definición, llevada por ejemplo al área de gestión medioambiental, puede ocurrir por la rotura de una tubería y la generación de un vertido, provocando un siniestro, o bien por el goteo constante de esa misma tubería, en un lugar no debidamente protegido y controlado, que, poco a poco, va provocando un daño ambiental similar o incluso muy superior.

Estos “peligros” deben ser tenidos muy en cuenta por las evaluaciones de riesgos y los planes de prevención.

La exposición al polvo de la arena de la playa de vez en cuando, quizás no tan a menudo como nos gustaría, no tiene mayor importancia. Exponerse al polvo de arena sin protección, 8 horas al día, durante 220 días al año, puede resultar fatal.

Sentarse en un lugar incómodo asistiendo a un partido de fútbol, por ejemplo, no tiene mayor importancia, más allá de que pueda incrementar nuestro enfado por lo mal que juega nuestro equipo. Sentarse en una postura incorrecta, ante el ordenador, 8 horas al día, durante 220 días al año, puede provocarnos daños irreversibles en la columna vertebral.

Respirar vapores de un disolvente en el taller, más allá de lo mucho o poco que pueda gustarnos o molestarnos el olor, de forma continua, durante muchos años, tendrá, seguro, consecuencias muy graves para nuestra salud.

Auto-concienciarse de estos riesgos es mucho más difícil que tener siempre presentes los riesgos de accidentes.

Como suele suceder con la exposición al riesgo de los accidentes traumáticos, la habitualidad, la costumbre, nos llevan a bajar la guardia, y, en este tipo de riesgos a largo plazo, esa tendencia se agudiza enormemente.

A cualquiera puede sucederle: sabemos que, frente al teclado de un ordenador, debemos aplicar la regla de los 90 grados en tobillos, rodillas, cadera y codos y mantener la espalda recta y, puede ser que, cada vez que nos sentemos, hagamos el esfuerzo de recordarlo y tratemos de colocarnos correctamente y, sin embargo, es muy fácil que, la concentración en el trabajo nos haga perder la postura y acabemos, siempre, con la espalda encorvada o recostados sobre la silla.

En prevención de riesgos laborales, las empresas tienen que recordarnos y facilitarnos los medios, pero es, al fin y al cabo, nuestra propia concienciación y nuestro propio interés los que deben llevarnos a estar siempre atentos a los accidentes, y también a los riesgos menos perceptibles y difusos que ponen en riesgo nuestra salud.

Luis Blanco Urgoiti, Secretario General de AVEQ-KIMIKA.

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