Tener derecho a la seguridad implica tener obligación a la seguridad

Segurmanía | 16/10/2018
Tener derecho a la seguridad implica tener obligación a la seguridad

Vivimos en una sociedad en la que, en general, somos poco conscientes de nuestros derechos y de nuestras obligaciones. Quizás porque nadie nos ha explicado nuestros derechos debidamente y porque no queremos que nos expliquen nuestras obligaciones.

Vivimos en una sociedad en la que, en general, somos poco conscientes de nuestros derechos y de nuestras obligaciones. Quizás porque nadie nos ha explicado nuestros derechos debidamente y porque no queremos que nos expliquen nuestras obligaciones.

En el mundo del trabajo, los sindicatos deben hacer su labor y explicarnos nuestros derechos, pero la empresa, en su procedimiento de acogida, debe explicárnoslos también. Además, de la misma manera y con el mismo énfasis, ambos agentes, tanto los representantes de los trabajadores, como la propia empresa, última responsable de facilitar a los trabajadores un entorno razonablemente seguro para desarrollar su labor, deberían explicarnos que, además de derechos, tenemos obligaciones.

Tenemos derecho a trabajar en un ambiente seguro, a recibir información completa, pero accesible sobre los riesgos de nuestro puesto de trabajo, a recibir la formación adecuada para desenvolvernos en el mismo con eficacia y seguridad.

Tenemos derecho a que todos las máquinas y equipos que manejemos en nuestro trabajo sean seguros, desde una extrusora, a una fresa, desde un taladro al más modesto martillo manual, un ordenador o un enchufe, deben estar evaluados y marcados, demostrando con ello que, desde su diseño y fabricación, cuentan con las medidas de seguridad adecuadas para prevenir cualquier accidente, o bien que han sido convenientemente adaptados para serlo.

Tenemos derecho que estar representados en la gestión de la prevención en nuestras empresas. A que los delegados de prevención hayan recibido formación en seguridad y sean incisivos en su labor, pero también proactivos con los responsables técnicos de la seguridad en nuestras empresas. Tenemos derecho a que los delegados de prevención ejerzan su liderazgo respecto a la plantilla, que den pautas y apoyen a la empresa en la muy importante labor de concienciar a todos y a todas de que la seguridad es cosa, precisamente, de todos y de todas.

Tenemos derecho a que la seguridad no se utilice como moneda de cambio. Preocuparse por la prevención de riesgos laborales solamente en la época en la que se negocian acuerdos colectivos, utilizándola como forma de presión para lograr unas décimas más de subida salarial o unas horas menos de trabajo al año, es un desprecio y una afrenta que no debemos consentir. Si algún aspecto de la seguridad de nuestro trabajo requiere ser objeto de debate en el comité de seguridad y salud, de una acción colectiva o incluso de una denuncia a la inspección de trabajo, debe ser objeto de atención inmediata. Si solamente se toman acciones en materia de prevención cuando hay abierta mesa del convenio colectivo, es momento de cambiar de delegados de prevención.

Tenemos derecho a que la empresa elabore un protocolo de vigilancia de nuestra salud acorde con los riesgos de nuestro trabajo. Sentarse delante de un ordenador, con una silla inadecuada, durante unos minutos, no afecta a nuestra salud, hacerlo durante 1700 horas y pico al año, nos afectará seguro. La vigilancia de la salud, los reconocimientos médicos, son una importante herramienta para saber si la prevención se está realizando correctamente o si algo está fallando.

Y, claro, resulta evidente, y no necesita mucha explicación, que tenemos el deber de no provocar un accidente que pueda afectar a alguno de nuestros compañeros o compañeras. Todas las obligaciones que puedan pensarse respecto a nuestra propia seguridad deben extremarse si pueden afectar a la seguridad de otras personas.

Deberíamos ser prudentes en el manejo de una carretilla elevadora, por cuanto en un accidente con la misma puede afectarnos como conductores, pero no, en realidad, debemos ser extremadamente prudentes, porque un accidente con la carretilla provocado por un exceso de velocidad o por un manejo inadecuado de la carga, puede provocar heridas o incluso la muerte a alguno de nuestros compañeros, algo que nos pesará toda nuestra vida.

Tenemos el deber de cuidar de nosotros mismos, de evitar las imprudencias, de pensar antes de actuar. La empresa debe realizar un diseño adecuado de la planta y del almacén, con vías bien marcadas para carretillas y peatones. El pavimento de las instalaciones debe ser adecuado y no ser resbaladizo y, entre todos, cuidar el orden y la limpieza. Además, como última barrera de seguridad adicional, puede estimarse necesario que el personal utilice calzado de seguridad, que debe estar a disposición de todas las personas que lo necesite y éstas deberán usarlo, sin excusa.

En este sentido, todos aquellos que debemos utilizar Equipos de Protección Individual (EPIs) durante el trabajo debemos usarlos si excusa. En caso de que no estemos a gusto con los EPIs que nos facilitan, las gafas no nos ajustan bien o los zapatos nos resultan incómodos, debemos hablar con los técnicos de prevención de nuestra empresa, de forma positiva, y tratar de encontrar un modelo de equipo de protección con el que estemos a gusto. Dejar de usarlos y, sobre todo, dejar de usarlos a escondidas, es la peor de las soluciones.

Pero todos estos esfuerzos son inútiles si no estamos atentos. La empresa tiene el deber de prever que sus trabajadores puedan confiarse y debe poner en marcha sistemas que eviten esa confianza.

En ocasiones, viendo los carenados de una nueva máquina o un nuevo cartel de advertencia que colocan los servicios de prevención, podemos llegar a pensar “estos se deben creer que somos idiotas”, sin embargo, si una guillotina tiene dos botones de activación, separados por suficiente distancia para que tengamos que usar ambas manos para activarla, lo que pretende es prevenir que nos confiemos, pretende evitar que, tras cientos de horas de trabajo con esa máquina, pensemos “si no pasa nada por hacerlo así…”  y, finalmente, “algo” termine por pasar.

En el trabajo, pero sobre todo en la seguridad en el trabajo, como en la misma vida, todo derecho lleva aparejada una seguridad. De nada servirán los esfuerzos de las empresas si nosotros, como últimos responsables de nuestra propia seguridad, no ponemos de nuestra parte.

 

Luis Blanco Urgoiti, Secretario General de AVEQ-KIMIKA.

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