Inevitable es enamorarse, no los accidentes laborales

Vidas seguras | 14/09/2018
Inevitable es enamorarse, no los accidentes laborales

Todas estas causas tienen algo en común: son evitables. Inevitable es respirar, enamorarse o el pestañear.

Hay ideas que se implantan en el pensamiento colectivo y permanecen en él transformadas en máximas difíciles de rebatir. Da igual su naturaleza, pero quien más quien menos, conoce alguna. Un ejemplo reciente es el que dice que las vacunas causan autismo. Un pseudo experto lo dijo, otro lo repitió y, finalmente, un grupo importante de personas lo reconoce como una realidad inmutable. Pues con los accidentes laborales ocurre algo parecido, ya que muchos piensan que, como accidentes que son, son inevitables. Nada más lejos de la realidad.

A principio de 2017, en una jornada sobre riesgos laborales, el director general de Osalan, Alberto Alonso, alertaba sobre esta cuestión: “La ciudadanía se sigue alarmando cuando se dan accidentes graves, pero no tiene presente la prevención de riesgos cuando pasa el motivo concreto de la inquietud”. Por ello, -señalaba entonces-, es importante que la sociedad dé el salto cualitativo desde considerar el accidente laboral como algo inevitable, hasta la total reprobación social de la falta de prevención”.

Y es que, según los sindicatos, el 98% de los siniestros que se producen en los lugares de trabajo, son evitables. Está sobradamente demostrado que tanto los accidentes laborales como las enfermedades profesionales son evitables y ello está en manos, tanto de los responsables de la empresa, como de los propios trabajadores. Los primeros, son, por ley, los responsables de la prevención, de la formación y de la información en lo que a seguridad se refiere. Los segundos, son los encargos de aplicar esos conocimientos y recomendaciones a su día a día, para evitar que se produzca cualquier tipo de incidente.

La realidad es que aún hoy, en seis de cada diez accidentes estaba documentada la medida preventiva. Es decir, que sucedieron pese a que se sabían las causas y se tenían las medidas preventivas. Sin embargo, no se había hecho un correcto seguimiento de las mismas. Por tanto, puede hablarse más de una negligencia que de un accidente.

A pesar de que la concienciación con respecto a la seguridad en el puesto de trabajo cada vez es mayor, el porcentaje de los percances sigue siendo demasiado alto. Si bien es verdad que algunos tienen una naturaleza imprevisible, muchos otros están relacionados con alguna causa que podría haber sido evitable. La falta de formación, trabajar con prisas, la falta de orden, la carencia o infrautilización de equipos de protección individual, los esfuerzos excesivos, manipular el dispositivo de seguridad de una máquina, la mala utilización de aparatos e instalaciones eléctricas o el uso de un medio de extinción de incendios inadecuado son solo algunas de las causas que está detrás de la mayoría de los disgustos que tienen lugar en los centros de trabajo. A ellos hay que añadir la incorrecta selección de elementos de elevación o la utilización del teléfono móvil dónde y cuando no se debe.

Todas estas causas tienen algo en común: son evitables. Inevitable es respirar, enamorarse o el pestañear.

 

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