Montañismo, ejemplo de cultura preventiva

Vidas seguras | 08/11/2017
Montañismo, ejemplo de cultura preventiva

El montañismo tiene fama de ser unos de los deportes más arriesgados. La realidad es que cada año llegan noticias de accidentes y muertes que sobrecogen a la opinión pública. Sin embargo, si comparamos el número de federados activos que hay en el mundo con la cifra de accidentes, el resultado confirma que quienes practican este deporte son ejemplo de cultura preventiva. Todo buen montañero sabe que se juega la vida y la salud en cualquiera de sus salidas.

Como en cualquier trabajo, el deporte de la montaña exige de unas normas de seguridad cuyo incumplimiento puede suponer trágicas consecuencias. No hay que compararlo solo con los trabajos en altura. Casi todas las reglas de seguridad que ponen en marcha estos deportistas en cada salida son aplicables al día a día de casi cualquier empleo.

“Tu seguridad en la montaña sólo depende de ti, de tu buen juicio, del control de tus fuerzas, del cálculo de los riesgos y de tu sentido de la prudencia y de la paciencia”. Esta frase aparece en la web de Ganguren Mendi Taldea, asociación dedicada a la actividad y al fomento de los deportes de montaña, escalada y esquí. Si cambiamos “en la montaña” por “laboral”, el texto mantiene todo su sentido.

Como cualquier ruta o ascensión, una jornada laboral supone una serie de riesgos que deben ser conocidos y asumidos para poder ser prevenidos. O, por lo menos, lograr que se reduzcan al máximo. La excesiva confianza, el no saber cuándo parar o el no seguir un plan establecido, casan mal con la seguridad, sea cual sea la actividad a desarrollar.

En plena naturaleza o a los mandos de una máquina de 50 toneladas, conocer en profundidad la seguridad reduce la posibilidad de accidentes. Y es que cualquier incidente se puede evitar si se sabe qué lo origina. Basta con pensar un poco y actuar en consecuencia. Es decir, con suma diligencia.

Herramientas y valores primordiales

El cuidado de las herramientas también es primordial en el día a día de cualquier trabajador. Mantenerlas en buen estado, desechar aquellas que presenten algún defecto o usarlas de manera incorrecta añaden peligro, lo mismo a una jornada laboral que a una en la naturaleza.

Igual ocurre si no se utilizan equipos de seguridad, porque “yo este trabajo/esta ruta ya me lo/la conozco y nunca pasa nada”. Tampoco podemos olvidar la necesidad de tomarse descansos, físicos y psíquicos cada cierto tiempo, o la de alimentarse de forma conveniente.

La humildad y la solidaridad son otros dos valores extrapolables a la realidad laboral. Se trata de dos características de vital importancia. La primera aleja la vanidad y la soberbia, dos sentimientos muy ligados a una confianza desmesurada y, con ello, a los descuidos. La solidaridad, por su parte, es un aspecto inherente al deporte de las alturas que debe ser tenido en cuenta en cualquier jornada laboral. El equipo humano es un pilar primordial de cualquier empresa, que debe ser cuidado por ésta, pero también entre sí.