Barandillas y pasamanos en escaleras…. Mucho más que un elemento estético

Lecciones de seguridad
Barandillas y pasamanos en escaleras…. Mucho más que un elemento estético

En actualidad, los visitantes que acceden a los Museos Vaticanos en Roma suben desde las taquillas, al nivel de la calle, hasta las salas de la exposición por una espectacular doble rampa en espiral. Esta fue diseñada por Giuseppe Momo en 1932, precisamente para ese fin y que algunos llaman equivocadamente “Escalera de Bramante”. En realidad, las dos espirales enlazadas no son técnicamente “rampas”, pues tienen escalones regulares de unos dos metros de huella (de largo) y muy pocos centímetros de contrahuella (de alto).

En actualidad, los visitantes que acceden a los Museos Vaticanos en Roma suben desde las taquillas, al nivel de la calle, hasta las salas de la exposición por una espectacular doble rampa en espiral. Esta fue diseñada por Giuseppe Momo en 1932, precisamente para ese fin y que algunos llaman equivocadamente “Escalera de Bramante”. En realidad, las dos espirales enlazadas no son técnicamente “rampas”, pues tienen escalones regulares de unos dos metros de huella (de largo) y muy pocos centímetros de contrahuella (de alto).

 

Donato Bramante (1444-1514)

 

La atribución a Bramante tiene su razón de ser. Donato Bramante, uno de los más grandes y más famosos arquitectos del Renacimiento en Italia, autor de la planta de la basílica de San Pedro, entre otras grandes obras, y estrecho colaborador de Leonardo da Vinci hasta su traslado definitivo a Roma, sí diseñó y construyó en 1507 otra rampa en espiral que une el patio octogonal con el palacio de Belvedere.

Se trata de una obra magnífica. Cuenta con sólidas columnas dóricas y el suelo enladrillado en forma de espina de pescado. Asciende unos cuatro pisos y originalmente, su hueco interior… carecía de barandilla.

 

Escalera de Bramante - Wikipedia, la enciclopedia libre

Escalera de bramante

 

La barandilla se añadió muchos años más tarde. Aunque en la actualidad se encuentra cerrada al público por su delicado estado de conservación, hoy no nos imaginaríamos un ascenso como ese sin una sólida barandilla que evite vértigos y caídas. La visión que se tenía de estos temas en el siglo XVI era un poco diferente de la actual.

En el ámbito del trabajo es un aspecto regulado. El Real Decreto 486/1997 de espacios de trabajo dice claramente que cualquier abertura o desnivel que suponga un riesgo de caída de personas debe estar protegida con barandillas o sistemas de protección similares. Y especifica, entre otros supuestos, que los lados abiertos de escaleras y rampas, a partir de los 60 cm de altura, deberán tener un pasamanos de una altura mínima de 90 cm. Además añade que las barandillas serán de materiales rígidos y dispondrán de una protección que impida el paso o deslizamiento por debajo de las mismas o la caída de objetos a niveles inferiores.

 

 

Pero el pasamanos es fundamental, además de para evitar precipitarse al vacío o la sensación de vértigo que puede producirnos un espacio abierto, para poder agarrarse a él cuando nos desplazamos. Quizás los consejos y prevenciones derivados de la pandemia del COVID nos han llevado a utilizar las barandillas menos de lo que debiéramos. Aún así, bajar unas escaleras, por cortas que sean, sin agarrarse firmemente al pasamanos es definitivamente un acto inseguro.

Y es un acto inseguro por un principio básico de la prevención que es la proporción entre riesgos y medidas preventivas. El riesgo de caída al bajar una escalera puede considerarse incluso moderado, pero el esfuerzo que supone agarrarse al pasamanos es tan leve, que debe hacerse en todo caso.

Caerse en una rampa como la diseñada por Bramante, siempre que sea caída al mismo nivel y con tan poca inclinación, es un riesgo que puede calificarse de leve. Las consecuencias de una caída por una escalera, una no muy alta, perfectamente homologada, con la achura correcta y los escalones bien construidos, puede ser muy grave… consecuencias que pueden incluir golpes en la cabeza o incluso lesiones medulares, para las que no hay EPIs eficientes.

También en el siglo XVI debemos mencionar a Miguel Ángel, otro de los grandes genios del Renacimiento, quizás el más famoso escultor de todos los tiempos, pintor de la Capilla Sixtina y arquitecto. Autor de la cúpula que culmina el diseño de Bramante de la basílica vaticana de San Pedro. Recibió el encargo del papá Clemente VII de construir una biblioteca anexa a la basílica de San Lorenzo de Florencia, destinada a albergar la impresionante colección de la familia Medicis, la Biblioteca Laurenciana.

 

Miguel Ángel (1975-1564)

 

La dificultad del espacio en el que se ubica provocó que el hall de acceso sea un sitio un tanto estrecho y muy alto, sin la magnificencia que debería tener el acceso a tan importante lugar.

Miguel Ángel solucionó el problema con una de las más hermosas escaleras de la historia de la arquitectura. Casi una escultura pensada para ser pisada. Su visión desde abajo emociona y se podría decir que recuerda a las figuras humanas esculpidas por su diseñador, siempre anchas de hombros y muy musculadas. La barandilla es una balaustrada de mármol, enorme y magnífica… a la que es imposible agarrarse.

 

El Poder del Arte: La Biblioteca Medicea Laurenciana _ Florencia

Escaleras a la biblioteca anexa a la basílica de San Lorenzo de Florencia.

 

Como les decía, en el siglo XVI la prevención de riesgos se veía de otra manera y ya les adelanto que, si viajan a Florencia, nos les van a dejar pisar la escalera de Miguel Ángel. Asimismo sigan mi consejo y siempre que bajen una escalera cualquiera, acuérdense del escultor florentino y de Bramante y agárrense a la barandilla. Por todos aquellos que a lo largo de estos siglos se hayan caído en sus grandiosas obras de arte.

 

Por Luis Blanco Urgoiti, Secretario General de AVEQ-KIMIKA.

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