En verano se acortan las mangas… y a veces también la prevención

Lecciones de seguridad
En verano se acortan las mangas… y a veces también la prevención

El verano trae consigo temperaturas elevadas y cambios en la forma de trabajar. El calor afecta y muchas veces se convierte en un mal consejero, por lo que pueden aparecer determinadas situaciones y conductas que, aunque inicialmente puedan parecer inofensivas, pueden incrementar el riesgo de sufrir un accidente.

El verano trae consigo temperaturas elevadas y cambios en la forma de trabajar. El calor afecta y muchas veces se convierte en un mal consejero, por lo que pueden aparecer determinadas situaciones y conductas que, aunque inicialmente puedan parecer inofensivas, pueden incrementar el riesgo de sufrir un accidente.

La confianza excesiva, la presión por terminar, un ritmo de trabajo inadecuado o la falsa sensación de estar acostumbrado a las altas temperaturas pueden hacer que se relajen medidas preventivas fundamentales para proteger la seguridad y la salud.

Por ello, desde aquí, queremos recordaros que el calor no solo supone un riesgo por sí mismo, sino que también favorece la aparición de errores derivados de la fatiga, la deshidratación y la pérdida de concentración.

Y, por ese motivo, además de controlar las condiciones ambientales y organizar adecuadamente el trabajo, es imprescindible evitar determinadas conductas inseguras que pueden producirse durante esta época del año. Una de las más habituales es pensar que una tarea de corta duración no requiere la aplicación de todas las medidas de seguridad.

Frases como “solo serán diez minutos” o “termino rápido y bajo” pueden llevar a omitir procedimientos, utilizar incorrectamente los equipos de protección o asumir riesgos innecesarios. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la duración de una tarea no reduce el peligro al que está expuesta la persona trabajadora. Los accidentes, por desgracia, tampoco miran el reloj.

Organizar la jornada para realizar las tareas más exigentes antes de que aumente la temperatura puede ser una medida preventiva adecuada. El problema aparece cuando “adelantar el trabajo” se convierte en acelerar el ritmo, reducir las pausas o saltarse procedimientos. La prevención no debe sacrificarse para ganar unos minutos que pueden resultar cruciales para realizar el trabajo de forma segura.

Otra conducta de riesgo consiste en retrasar la hidratación hasta sentir sed. La sed puede aparecer cuando el organismo ya ha comenzado a perder líquidos. Beber agua de forma regular a lo largo de la jornada ayuda a mantener el rendimiento físico y cognitivo, reducir la fatiga y favorecer una respuesta adecuada ante situaciones de riesgo.

El calor también lleva, en ocasiones, a utilizar de forma incorrecta los equipos de protección individual. Desabrochar la ropa de protección, quitarse el casco, prescindir de los guantes o modificar el uso de otros EPIs para ganar comodidad pueden dejar a la persona trabajadora expuesta a los riesgos frente a los que esos equipos ofrecen protección. La solución no pasa por utilizar incorrectamente los EPIs, sino por seleccionar los equipos más adecuados para las condiciones ambientales existentes.

Por otro lado, trabajar durante largos periodos sin realizar pausas dificulta la recuperación del organismo frente al calor. Las pausas programadas en lugares frescos o con sombra permiten disminuir la carga térmica y reducir el riesgo de agotamiento o golpe de calor, especialmente en trabajos al aire libre o sobre superficies que acumulan altas temperaturas.

Una falsa creencia muy extendida es pensar que quien lleva años trabajando en exteriores termina adaptándose completamente al calor. Aunque el organismo desarrolla cierta aclimatación progresiva, esta no elimina el riesgo. Las altas temperaturas siguen afectando a la capacidad de concentración, a los reflejos y a la toma de decisiones, incluso en personas con amplia experiencia ejecutando esas tareas.

Por ello, resulta fundamental prestar atención a los primeros signos de agotamiento térmico, como el cansancio excesivo, los mareos, los calambres, la debilidad o el dolor de cabeza. Detectarlos a tiempo y actuar de inmediato puede evitar consecuencias mucho más graves.

El calor forma parte del verano, pero los accidentes no tienen por qué hacerlo. Mantener o reforzar los niveles de prevención durante toda la jornada, planificar correctamente el trabajo, respetar las pausas, hidratarse adecuadamente y no dejarse llevar por la confianza son decisiones que contribuyen a proteger la salud y a trabajar con seguridad, incluso en los días más calurosos del año.

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