¿Sabías qué existe un protocolo para comunicar la sospecha de enfermedad profesional?
Sabías que
Muchas enfermedades relacionadas con el trabajo no aparecen de un día para otro. Avanzan poco a poco, se cronifican y, en demasiadas ocasiones, acaban etiquetadas como dolencias “comunes”. Para evitar que esto ocurra, existe un protocolo específico de comunicación de sospecha de enfermedad profesional, impulsado por las administraciones públicas y gestionado a través del sistema de la Seguridad Social, una herramienta clave para proteger la salud de las personas trabajadoras y mejorar la prevención.
Muchas enfermedades relacionadas con el trabajo no aparecen de un día para otro. Avanzan poco a poco, se cronifican y, en demasiadas ocasiones, acaban etiquetadas como dolencias “comunes”. Para evitar que esto ocurra, existe un protocolo específico de comunicación de sospecha de enfermedad profesional, impulsado por las administraciones públicas y gestionado a través del sistema de la Seguridad Social, una herramienta clave para proteger la salud de las personas trabajadoras y mejorar la prevención.
Las enfermedades laborales suelen desarrollarse de manera progresiva, como consecuencia de la exposición continuada a agentes físicos, químicos, biológicos o a determinadas condiciones ergonómicas y organizativas. Debido a este carácter silencioso, su detección precoz es clave.
La comunicación de sospecha de enfermedad profesional permite sacar a la luz patologías cuyo origen laboral no ha sido reconocido oficialmente y que, por tanto, están siendo tratadas como contingencias comunes. La finalidad es este mecanismo regulado es clara: identificar, investigar y, en su caso, reconocer el origen profesional de esas enfermedades.
Hablamos de sospecha cuando un profesional sanitario considera que una patología puede estar relacionada con el trabajo que desempeña la persona trabajadora, aunque todavía no exista un diagnóstico definitivo reconocido como enfermedad profesional.
En el ámbito de nuestra Comunidad Autónoma, la obligación de comunicar la sospecha recae sobre el personal facultativo de Osakidetza, tanto de atención primaria como especializada, siendo lo más habitual que sea el personal de atención primaria quien realice la tramitación.
Por otra parte, el personal médico de los servicios de prevención, en el marco de la vigilancia de la salud, también está obligado a comunicar estas sospechas cuando detecte indicios de enfermedad profesional.
¿Cómo funciona el procedimiento en Euskadi?
El circuito está claramente definido y es muy sencillo. Cuando el personal médico de Osakidetza introduce el diagnostico en su programa que coincide con alguno del listado de enfermedades profesionales asociados con el trabajo de la persona, automáticamente el sistema detecta una posible enfermedad profesional.
El programa entonces solicita unos datos que el personal médico tiene que cumplimentar y estos se trasladan automáticamente, vía web, a la Inspección Médica del Departamento de Salud del Gobierno Vasco para su gestión, que a su vez la traslada a la Unidad de Salud Laboral de Osalan. En el caso de los servicios de prevención, la comunicación se envía directamente a dicha Unidad.
Osalan analiza si la patología encaja en los criterios establecidos en el Real Decreto 1299/2006, comprueba que no exista una tramitación previa y solicita a la empresa, a través de su servicio de prevención, información sobre el puesto de trabajo, las tareas realizadas y la evaluación de riesgos. Con estos datos se lleva a cabo la investigación.
¿Por qué es tan importante este procedimiento?
Porque es necesario, útil y un derecho de las personas trabajadoras. Porque así el origen laboral de la enfermedad no pasa desapercibido y se pueden tomar medidas preventivas que garanticen la salud de la persona afectada y de otras personas trabajadoras que puedan estar expuestas al mismo riesgo en el mismo puesto de trabajo.
Además, permite mejorar las prestaciones, garantizar que la mutua asuma el tratamiento cuando procede; disminuyendo los gastos que se generan para el sistema sanitario público. También se aportan datos más realistas sobre el impacto del trabajo en la salud y, sobre todo, se refuerza la prevención al permitir que las administraciones puedan identificar sectores, actividades y riesgos emergentes, y así, puedan aumentar y mejorar las medidas preventivas donde más se necesitan, impidiendo que otras personas enfermen por las mismas causas.
Porque, visibilizar el origen laboral de la enfermedad es el primer paso para prevenirla y este protocolo es una pieza clave para lograrlo. El objetivo colectivo debe ser claro: detectar antes, proteger mejor y prevenir nuevos casos.