¿Sabías qué existen unas buenas prácticas para integrar la perspectiva de género en la actividad preventiva de las empresas?

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¿Sabías qué existen unas buenas prácticas para integrar la perspectiva de género en la actividad preventiva de las empresas?

Durante décadas, la prevención de riesgos laborales se ha construido sobre un enfoque “neutral” que, en realidad, tomaba al hombre como referencia. Esta visión ha dejado fuera multitud de riesgos específicos que afectan a las mujeres y ha contribuido a invisibilizar cómo sus condiciones de trabajo influyen en su salud. Hoy en cambio, sabemos que sexo y género, tanto las características biológicas como los roles sociales, condicionan no solo la presencia de mujeres y hombres en determinados sectores, sino también la forma en que cada grupo se expone a determinados riesgos laborales.

Durante décadas, la prevención de riesgos laborales se ha construido sobre un enfoque “neutral” que, en realidad, tomaba al hombre como referencia. Esta visión ha dejado fuera multitud de riesgos específicos que afectan a las mujeres y ha contribuido a invisibilizar cómo sus condiciones de trabajo influyen en su salud. Hoy en cambio, sabemos que sexo y género, tanto las características biológicas como los roles sociales, condicionan no solo la presencia de mujeres y hombres en determinados sectores, sino también la forma en que cada grupo se expone a determinados riesgos laborales.

La evidencia es clara y las cifras no mienten: las mujeres siguen concentrándose en sectores más precarizados, soportan mayores tasas de empleo a tiempo parcial y encuentran mayores obstáculos para acceder a puestos de responsabilidad. En este contexto, los riesgos de su entorno laboral se han infravalorado históricamente, especialmente en actividades muy feminizadas como los cuidados o la sanidad, o en trabajos del tipo de las camareras de piso, donde las cargas físicas, ergonómicas y psicosociales son elevadas.

Durante mucho tiempo, la única atención preventiva específica para las mujeres se centró en el embarazo y la lactancia, y lo hizo con un enfoque más proteccionista que preventivo. Sin embargo, con el paso del tiempo se fue adquiriendo la consciencia de que integrar la perspectiva de género suponía ampliar la mirada, visibilizar las condiciones reales de trabajo y reconocer que los riesgos pueden afectar de manera distinta a mujeres y hombres.

En la actualidad, tanto la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo 2023-2027, que recoge este reto como una prioridad, como los avances normativos recientes (Reales Decretos 893/2024 y 612/2024) comienzan a ajustar la protección a ciertas realidades hasta ahora ignoradas.

Para las empresas, integrar esta perspectiva implica observar y registrar cómo trabajan mujeres y hombres, desagregar los datos por sexo-género y analizar si las diferencias se deben a factores biológicos o a desigualdades estructurales. También requiere utilizar metodologías sensibles al género, revisar tareas y no solo puestos, y garantizar que los riesgos higiénicos, ergonómicos y psicosociales se valoran con el mismo nivel de detalle que los de seguridad.

Entre las buenas prácticas que las empresas deben poner en marcha, para integrar la perspectiva de género dentro de la actividad preventiva, destacan:

  • Identificar si existe segregación en la plantilla y cómo influye en la exposición a riesgos.
  • Evaluar si un mismo riesgo puede afectar de manera diferente a mujeres y hombres.
  • Integrar la PRL en los Planes de Igualdad.
  • Revisar todas las tareas del puesto, incluidas las auxiliares o esporádicas.
  • Analizar accidentes, enfermedades profesionales y patologías relacionadas con el trabajo desde un enfoque diferenciado.
  • Diseñar y planificar actuaciones preventivas que corrijan y controlen los riesgos de forma eficaz, adaptándose a las particularidades.

Y, sobre todo, contar con la participación directa de las mujeres, escuchando cómo perciben sus riesgos y cómo les afecta su actividad diaria. Avanzar hacia una prevención con perspectiva de género no solo mejora la equidad, también permite diseñar medidas más eficaces y construir entornos laborales realmente seguros y saludables para todas las personas.

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