Un destello azul que nadie vio venir

Segurmanía
Un destello azul que nadie vio venir

Hace unos años, visité una planta de mantenimiento donde el jefe de turno me llevó al cuadro de control eléctrico para mostrarme un fallo “menor” que había acabado costando una semana de baja a un compañero. Todo empezó con un destello: un pequeño arco, un chispazo en el aire, una explosión silenciosa que nadie escuchó hasta que el trabajador abrió el armario para comprobar un fusible. No había gritos, no hubo alarma previa. Solo un silencioso “clic” y al cabo de unas fracciones de segundo, un latigazo, el dolor, la quemadura, la evacuación. Fue suficiente para entender que el riesgo de arco eléctrico no es dramático, es invisible… hasta que lo es.

Hace unos años, visité una planta de mantenimiento donde el jefe de turno me llevó al cuadro de control eléctrico para mostrarme un fallo “menor” que había acabado costando una semana de baja a un compañero. Todo empezó con un destello: un pequeño arco, un chispazo en el aire, una explosión silenciosa que nadie escuchó hasta que el trabajador abrió el armario para comprobar un fusible. No había gritos, no hubo alarma previa. Solo un silencioso “clic” y al cabo de unas fracciones de segundo, un latigazo, el dolor, la quemadura, la evacuación. Fue suficiente para entender que el riesgo de arco eléctrico no es dramático, es invisible… hasta que lo es.

El fenómeno del arco eléctrico se define como la descarga de corriente que atraviesa el aire u otro gas ionizado entre dos puntos con diferencia de potencial.

Esa canalización de energía genera temperaturas extremas (se han estimado hasta decenas de miles de grados Celsius en el núcleo del arco) y una onda expansiva que puede lanzar fragmentos metálicos, proyectar radiación ultravioleta/infrarroja y provocar quemaduras graves, daños oculares o incluso la muerte.

Y sin embargo, en muchas instalaciones — y lo vemos muy a menudo en plantas — el arco eléctrico se sigue considerando “un riesgo eléctrico más”, cuando la realidad es que está entre los más severos. La nota técnica del INSST (Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo), la NTP-904, es contundente: cuando la energía térmica incidente (por un arco) sobre una persona trabajadora alcanza ciertos valores, no deberían permitirse los trabajos en tensión.

¿Y por qué ocurre? Las causas no son un misterio: factores como conductores próximos, herramientas metálicas en contacto, polvo o humedad que favorecen la ionización del aire, fallos en aislamiento, eliminación de protecciones o maniobras inadecuadas favorecen la aparición del arco.

Es decir: fallo de gestión + falta de mantenimiento + una instalación que tiene demasiados años…. sumado a la confianza.

Entonces, ¿qué hacer? Aquí, como siempre, la prevención no está en el EPI (Equipo de Protección Individual), está antes de ponerse a trabajar.

Pasos clave en la prevención del arco eléctrico:

  1. Evaluación del riesgo: definir si el trabajo puede realizarse sin tensión. Si no, delimitar zona de peligrosidad («flash protection boundary»), calcular la energía térmica incidente. Las NTP del INSST (por ejemplo, la NTP 904) recogen metodologías para estimar esta energía.
  2. Evitar el trabajo en tensión salvo que sea imprescindible: toda intervención con tensión incrementa la probabilidad de arco. Si se hace, debe estar previsto, planificado y realizado por personal autorizado.
  3. Mantenimiento y limpieza: aislamientos, conductores, paneles limpios de polvo y humedad. La ionización del aire es más probable si hay contaminantes.
  4. Distancias de seguridad y protecciones colectivas: delimitar la zona de posible arco, proteger con barreras, señalización, evitar proximidad innecesaria, y usar enclavamientos o secciones de seguridad.
  5. Equipos de protección individual adecuados: cuando quede riesgo residual, el EPI debe estar seleccionado para la energía térmica estimada: ropa ignífuga, casco con visera, guantes aislantes, botas, pantalla facial, etc.
  6. Formación, verificación y cultura preventiva: las personas trabajadoras deben entender que un arco no es un “chispazo”, sino un evento de altísima energía; que el “yo lo controlo” puede matar. La vigilancia debe ser real.

Recordé aquella intervención cuando volví a la planta meses después. El técnico eléctrico me enseñó el nuevo protocolo: cálculo previo de energía incidente, bloqueo de tensión, nueva señalización, formación práctica para conocer qué se siente bajo una visera. Me dijo: “Hasta que no vi en laboratorio un arco controlado, no entendí lo que puede pasarlo lejos que puede llegar”. Esa frase resume mucho: entender lo que puede pasar salva vidas.

La metáfora final podría ser esta: un arco eléctrico es como un rayo en miniatura al lado de tu mano. No lo estás esperando y sin embargo se libera en microsegundos. Y una mano, un muslo o un rostro no están preparados para eso.

Por eso, cerrar un panel, cambiar un fusible o acercar una herramienta no son gestos triviales: pueden desencadenar el más grave de los accidentes invisibles.

Si algo hemos aprendido en estos años de prevención es que no se trata de eliminar todos los riesgos, porque, sencillamente, no es posible, sino de ordenar los que existen, y reducir al mínimo los que quedan. Porque ningún operario es más fuerte que la energía liberada en un arco eléctrico.

La próxima vez que alguien te diga:

  • “Es solo un fusible” – pregúntale:
  • “¿Y si en vez de un fusible se libera un arco de 10 cal/cm², lo hemos valorado?”.

Y si pone cara de “¿Y eso cuánto es?”…  completas con:

  • “Eso son quemaduras graves (a partir de 1,2 cal/cm² ya hay quemadura…), es una caída hacia atrás, posibilidad de metralla, ceguera temporal o incluso permanente, sordera… ¿quieres más?”.

Esa pregunta puede cambiar un protocolo, un formulario y, fundamentalmente, una vida.

 

Luis Blanco Urgoiti

Secretario General de AVEQ-KIMIKA

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