La deshidratación no siempre se nota… a veces la sed llega tarde
Vidas seguras
La deshidratación leve es un riesgo que a veces pasa desapercibido. Sin embargo, puede afectar al funcionamiento normal del organismo y producir problemas de salud. En verano debemos extremar las precauciones para evitar la deshidratación, ya que a veces la sensación de sed llega tarde. Y es que antes de que aparezca la sed, nuestro organismo ya ha comenzado a perder agua.
La deshidratación leve es un riesgo que a veces pasa desapercibido. Sin embargo, puede afectar al funcionamiento normal del organismo y producir problemas de salud. En verano debemos extremar las precauciones para evitar la deshidratación, ya que a veces la sensación de sed llega tarde. Y es que antes de que aparezca la sed, nuestro organismo ya ha comenzado a perder agua.
Nuestro cuerpo pierde agua de forma continua a través de la respiración, el sudor y la orina. En verano, las altas temperaturas aceleran este proceso, especialmente durante las actividades al aire libre, la práctica deportiva o las largas exposiciones al sol. Si esa pérdida no se compensa adecuadamente, pueden aparecer síntomas como cansancio, dolor de cabeza, mareos, dificultad para concentrarse o sensación de debilidad.
La deshidratación suele asociarse a situaciones extremas o a golpes de calor, pero lo cierto es que, en muchas ocasiones, comienza mucho antes de que una persona se vea afectada tan drásticamente. Comienza de forma silenciosa y con síntomas que pueden pasar inadvertidos.
Uno de los principales problemas que puede llevar hasta una deshidratación es que la sed no siempre es un buen indicador. Cuando sentimos necesidad de beber, el organismo ya ha comenzado a deshidratarse. Por ello, es necesario mantener una hidratación regular a lo largo del día, aunque no se tenga sensación de sed.
Algunas personas son especialmente vulnerables a este riesgo. Las personas mayores suelen percibir menos la sed y pueden deshidratarse con mayor facilidad. Los niños también requieren una atención especial, ya que pierden agua con mayor rapidez y muchas veces no identifican la necesidad de beber. Asimismo, quienes realizan ejercicio físico, trabajan o pasan mucho tiempo al aire libre durante los meses de calor deben hidratarse más.
Conocer cómo prevenir la deshidratación durante los meses de verano es una de las mejores formas de proteger nuestra salud y disfrutar del verano con seguridad. La prevención es bien sencilla y, en la mayoría de los casos, muy eficaz.
Beber agua de forma frecuente, aunque no se tenga sed. Con los niños y las personas mayores hay que asegurarse de que beben, ofreciéndoles a menudo agua y comprobando que la toman. Si la rechazan varias veces, hay que insistir hasta que terminen tomando la cantidad adecuada.
En esta época también conviene aumentar el consumo de frutas y verduras ricas en agua. Las frutas y verduras con alto contenido de agua, como sandías, pepinos y melones, ayudan a mantenerse bien hidratado.
Además, es importante evitar las exposiciones prolongadas al sol durante las horas centrales del día, que generalmente son desde las 11 a las 17 horas. Durante estas horas, la radiación ultravioleta es más fuerte y la temperatura suele ser más alta.
Otras medidas básicas para reducir el riesgo de deshidratación son: buscar lugares frescos o con sombra, utilizar ropa ligera y transpirable y hacer pausas si se realizan actividades físicas intensas.
Y sobre todo si aparecen mareos, calambres, fatiga intensa, confusión o una sensación de debilidad poco habitual, es importante detener la actividad, trasladarse a un lugar fresco, hidratarse poco a poco y, si los síntomas persisten o empeoran, solicitar atención sanitaria.
El calor forma parte del verano, pero la deshidratación no tiene por qué estar presente. La hidratación sí que debe formar parte de nuestra rutina veraniega. Adelantarse a la sed es un pequeño gesto que ayuda a cuidar de nuestra salud y a disfrutar del verano con mayor seguridad.