¿Sabías qué el diablo no sabe más por viejo que por diablo?
Sabías que
Pese a los que muchas personas pueden pensar, la experiencia no elimina el riesgo. Hay frases como “llevo veinte años haciendo esto”, “sé perfectamente lo que hago” o “nunca me ha pasado nada” que todos hemos podido escuchar en alguna ocasión. Pero, aunque la experiencia aporta conocimiento, habilidad y capacidad para reconocer muchas situaciones no puede garantizar que el riesgo haya desaparecido.
Pese a los que muchas personas pueden pensar, la experiencia no elimina el riesgo. Hay frases como “llevo veinte años haciendo esto”, “sé perfectamente lo que hago” o “nunca me ha pasado nada” que todos hemos podido escuchar en alguna ocasión. Pero, aunque la experiencia aporta conocimiento, habilidad y capacidad para reconocer muchas situaciones no puede garantizar que el riesgo haya desaparecido.
De hecho, el INSST identifica el exceso de confianza como uno de los factores que pueden contribuir a que se produzcan accidentes de trabajo. También señala a la improvisación, la ausencia de planificación y a la creencia de que “no va a pasar nada” como circunstancias que pueden favorecer que un riesgo termine materializándose.
Porque en ocasiones, lo conocido puede dejar de parecernos peligroso. Y es que la experiencia tiene una cara positiva que nos aporta ventajas como: conocer mejor las tareas, el funcionamiento de una máquina, anticiparse a determinados problemas o realizar las funciones laborales con mayor destreza.
Sin embargo, tiene otra consecuencia que no es tan positiva y es que, con el paso del tiempo y los años, puede hacer que dejemos de percibir los riesgos de las tareas diarias. Que éstas dejen de parecernos peligrosas porque llevamos años realizándolas y que, al disminuir nuestra percepción del peligro, bajemos también la guardia con las medidas preventivas.
Una operación que hemos realizado cientos de veces podemos empezar a realizarla de manera automática, dejando de comprobar aquello que antes comprobábamos, saltándonos algún paso “porque en realidad no hace falta” o llegando incluso a pensar que una medida preventiva es innecesaria porque “siempre lo hacemos así y nunca pasa nada”. Y precisamente, con ese exceso de confianza es cuando pueden aparecer los accidentes.
Porque un riesgo no tiene por qué materializarse cada vez que existe. Puede existir, pero no concretarse hasta la concurrencia de determinadas circunstancias necesarias para que se produzca un accidente. Y con el paso de los años, si estas circunstancias nunca han coincidido, puede generarse en las personas trabajadoras una falsa sensación de seguridad. “Si nunca ha pasado, será que en realizad no pasa y las medidas preventivas son exageradas”.
Sin embargo, la experiencia debería servir para lo contrario, para saber prevenir mejor. Porque ser una persona experimentada no debe significar asumir más riesgos. Al contrario, debería ayudar a reconocer los riesgos antes, a identificar los cambios en las condiciones de trabajo, a detectar anomalías, a anticipar problemas… La experiencia debe contribuir a mejorar los procedimientos y a ayudar a transmitir buenas prácticas a quienes tienen menos experiencia.
Por eso, ante una tarea conocida, debemos seguir haciéndonos las mismas preguntas que el primer día: ¿qué puede salir mal?, ¿ha cambiado algo?, ¿las condiciones son las mismas?, ¿están funcionando las medidas de protección?
Porque el riesgo no desaparece porque llevemos diez, veinte o treinta años haciendo un trabajo. La experiencia puede enseñarnos cómo hacer mejor las cosas. Aprovechémosla para hacerlas de forma más segura.