¿Quién puede hacer un doce-quince?

Segurmanía | 26/10/2021
¿Quién puede hacer un doce-quince?

En toda profesión u oficio, con el devenir del tiempo, es inevitable que se vaya creando una jerga profesional, usada con mayor o menor intensidad pero, en todo caso, muy difícil de entender para los no iniciados. La jerga que manejan los prevencionistas es quizás un poco más particular y recóndita, pues siglas de todo tipo se han convertido ya en "palabros" de uso común, que los técnicos manejan con soltura.

En toda profesión u oficio, con el devenir del tiempo, es inevitable que se vaya creando una jerga profesional, usada con mayor o menor intensidad pero, en todo caso, muy difícil de entender para los no iniciados. La jerga que manejan los prevencionistas es quizás un poco más particular y recóndita, pues siglas de todo tipo se han convertido ya en “palabros” de uso común, que los técnicos manejan con soltura.

Esas jergas particulares tienen una extensión variable en función de subsectores o, más en concreto, en función de las normas de aplicación casi en cada empresa. A los técnicos de “SPAs”, auditoras y consultoras, no les queda más remedio que conocerlas todas y manejarse con ellas con cierta soltura.

Una de las jeringonzas más extendidas entre los “HSE” de nuestra industria (perdón, responsables de seguridad, salud y medio ambiente, de las siglas en inglés) es la relativa a toda la normativa de seguridad industrial.

El vocabulario básico se compone de muchas siglas y acrónimos (“APQ”, “AT/BT”, “BIE”, etc.), pero no solamente, a veces deriva de referencias legislativas o de aspectos técnicos, como “columna seca” o “columna húmeda”.

Una especialmente curiosa y hace no mucho tiempo muy habitual es la incluida en frases como “Esta máquina es vieja, pero tiene el doce-quince“, en referencia al certificado de haber superado las adaptaciones necesarias para cumplir con los requisitos del Real Decreto 1215/1997, de 18 de julio, por el que se establecen las disposiciones mínimas de seguridad y salud para la utilización por los trabajadores de los equipos de trabajo.

Desde la publicación del real decreto, en las fábricas se han hecho decenas de miles de “doce-quinces”.

El fundamento del decreto es el mismo que el de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (la “LPRL”), la obligación que atañe a todas las empresas de evitar que las personas que las forman se expongan a riesgos evitables y, en caso de que sean riesgos inevitables, se reduzcan al mínimo.

En ese afán, la norma establece, entre otros aspectos, que las máquinas existentes cuando entraron en vigor las obligaciones de los fabricantes de comercializar estos equipos diseñados para ser seguros (Real Decreto 1435/1992 actualmente derogado, Real decreto 1644/2008), deberán realizar una evaluación de seguridad individual de cada elemento e instalar protecciones y modificar lo que sea necesario para lograr un nivel aceptable de seguridad.

La norma se refiere a este proceso como “comprobación” y, respecto a quién puede realizarla, únicamente dice que “serán efectuadas por personal competente”, dejando implícito que es obligación de la empresa asegurarse que así sea.

Inicialmente, en muchas empresa industriales se pensó que esa referencia a “personal competente” hacía necesario recurrir a consultores externos, pero, con el tiempo, cada vez más fueron siendo conscientes que las propias fábricas cuentan con técnicos más que competentes y que, si formaban equipo y se aliaban con los propios operarios que conocen sus equipos mejor que nadie, se obtenían resultados espectaculares.

Hoy en día ya no deberían quedar ni máquinas ni equipos “sin el doce-quince”. De vez en cuando, alguien desempolva algún trasto del almacén del laboratorio o un torno viejo para un trabajo específico en el taller de mantenimiento y aparece de nuevo la necesidad.

Pues bien, mejor que afrontarlo como un problema, como un trabajo añadido, deberíamos verlo como una muy buena ocasión para formar equipo con nuestros propios compañeros, investigar el equipo, sacarle pegas y redactar un sencillo manual, si no lo tuviera, de una o dos páginas.

Con ello no solamente se pasa el “doce-quince”, se da, además, un paso decisivo en el camino que lleva a la implicación de todos y cada uno en la seguridad.

 

Luis Blanco Urgoiti

Secretario General de AVEQ-KIMIKA

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