La buena rutina. Ponte en marcha sobre seguro

Vidas seguras | 23/08/2018
La buena rutina. Ponte en marcha sobre seguro

A la hora de enfrentar el día a día en un puesto de trabajo, es necesario incorporar una serie de hábitos que pueden evitar los riesgos. Es lo que se conoce como rutinas seguras, y su incorporación al desempeño diario es el primer paso para atacar posibles incidentes y accidentes.

A la hora de enfrentar el día a día en un puesto de trabajo, es necesario incorporar una serie de hábitos que pueden evitar los riesgos. Es lo que se conoce como rutinas seguras, y su incorporación al desempeño diario es el primer paso para atacar posibles incidentes y accidentes.

La rutina, aunque con mala fama, no tiene porqué ser negativa. Hacer las cosas por costumbre es bueno siempre y cuando esa costumbre sea correcta. Evidentemente, si cada día alguien que trabaja en un entorno de humedad, cree que no pasa nada por usar calzado normal en lugar de antideslizante, esa es una rutina insegura. Como no lo es conducir un coche sin llevar puesto el cinturón de seguridad o trabajar en lo alto de un andamio sin usar un método de anclaje y anticaída.

La buena rutina, en todo caso, es aquella que incorpora día a día actitudes encaminadas a evitar incidentes y accidentes. La que hace que un trabajador de la construcción dedique todos los días un momento a revisar el estado del casco, de los EPIs o a comprobar que las escaleras de ascenso están firmemente ancladas. Su funcionamiento mental es el mismo que empuja a una persona a lavarse los dientes después de cada comida. Es una conducta aprendida, repetida e incorporada a la retahíla de acciones diarias de forma natural y no forzada.

Se trata de acciones que sirven para cualquier entorno laboral. Si cada día uno se obliga a sentarse correctamente en su silla de oficina, al final, lo hará automáticamente, evitando así, problemas de espalda. Dedicar un momento a ordenar el espacio de trabajo, todos los días antes de empezar la jornada, puede convertirse en un hábito que facilite la labor diaria, que evite las pérdidas de tiempo buscando algo o que ayude a mantener la concentración.

En la mayoría de los casos, los trabajadores conocemos los riesgos que van asociados a nuestros puestos. Asimismo, sabemos cuáles son las medidas preventivas que debemos adoptar para evitar sufrir algún percance. Esto es así porque la empresa nos ha tenido que formar e informar previamente. Sin embargo, a veces olvidamos ponerlo en práctica o creemos que no pasa nada por no hacerlo o aplicamos una rutina, la nuestra propia que no es la adecuada, por mucho que ‘nunca nos haya pasado nada’.

La adopción de rutinas seguras puede no parecer fácil, pero en realidad es tan sencillo como poner en práctica lo aprendido, hacerlo de manera constante y consciente. A veces, solo hay que escuchar la voz del más conocido de los sentidos: el sentido común.

 

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