Calor + altura = Riesgo doble

Lecciones de seguridad
Calor + altura = Riesgo doble

Cualquier trabajo en altura se vuelve más peligroso cuando coincide con temperaturas elevadas. Las altas temperaturas son un riesgo por sí mismas, incluso a pie de calle, pero cuando además se combinan con los trabajos en altura, donde cualquier fallo puede tener consecuencias muy graves, el peligro aumenta considerablemente. El calor puede incrementar el riesgo de caída.

Cualquier trabajo en altura se vuelve más peligroso cuando coincide con temperaturas elevadas. Las altas temperaturas son un riesgo por sí mismas, incluso a pie de calle, pero cuando además se combinan con los trabajos en altura, donde cualquier fallo puede tener consecuencias muy graves, el peligro aumenta considerablemente. El calor puede incrementar el riesgo de caída.

Trabajar sobre una cubierta, tejado, andamio, torre, plataforma elevadora, poste, escalera o realizar cualquier otra tarea en la que exista riesgo de caída a distinto nivel requiere adaptar y reforzar la prevención durante los meses de verano. Las altas temperaturas añaden un riesgo adicional que puede comprometer la seguridad de las personas trabajadoras y favorecer la aparición de accidentes.

En cubiertas, tejados o superficies metálicas expuestas al sol, el calor incrementa el estrés térmico y también puede reducir la capacidad de atención y de reacción, además de provocar mareos, debilidad o desorientación. La planificación preventiva debe adaptarse a las condiciones ambientales y la prevención debe reforzarse aún más. Si el riesgo se incrementa, también deben hacerlo las medidas preventivas.

Las cubiertas, especialmente las metálicas por el efecto “plancha”, pueden alcanzar temperaturas muy elevadas tras varias horas de exposición al sol. A ello hay que sumar el esfuerzo físico propio de este tipo de trabajos y el uso de equipos de protección, circunstancias que dificultan la disipación del calor corporal. Por lo que hay que tomar medidas preventivas que se adapten a estas situaciones y que eviten el estrés térmico sin rebajar el nivel de seguridad.

Además, en los trabajos en altura, el mayor peligro no siempre es el calor en sí, sino sus efectos sobre las personas. La pérdida de concentración, la disminución de los reflejos o el cansancio pueden traducirse en un mal apoyo, un resbalón, un olvido al conectar un sistema anticaídas o una decisión precipitada. En trabajos en altura, un pequeño error puede tener consecuencias irreversibles.

Por ello, la planificación adquiere un papel fundamental. Antes de comenzar cualquier trabajo sobre cubiertas es necesario evaluar las condiciones meteorológicas de esa jornada y valorar si la tarea puede realizarse con seguridad. Siempre que sea posible, se recomienda programar estas intervenciones durante las primeras horas del día, evitando los periodos de mayor radiación solar y calor intenso.

También es imprescindible establecer pausas periódicas en zonas de sombra o espacios frescos, que permitan al organismo recuperarse y, por supuesto, es esencial garantizar una hidratación frecuente que ayude a prevenir la deshidratación y sus síntomas -mareos, desorientación, debilidad, confusión…-, que pueden volverse sumamente peligrosos sobre una cubierta o tejado. Si aparecen estos síntomas, la tarea debe interrumpirse y la persona afectada debe abandonar la zona de riesgo de forma segura.

Por supuesto, por mucho calor que haya no se debe bajar la guardia con las medidas de seguridad. El calor nunca debe ser una excusa para prescindir del casco, aflojar o utilizar incorrectamente el arnés, desconectarse del sistema anticaídas, retirar prendas de protección o modificar los procedimientos de trabajo para realizar el trabajo de forma más cómoda o rápida.

Al contrario, cuando las condiciones son más exigentes, el cumplimiento de las medidas preventivas debe ser todavía más riguroso, puesto que en los trabajos en altura utilizar correctamente las protecciones colectivas, los sistemas anticaídas y los EPIs puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Debemos aplicar dos reglas sencillas pero esenciales: cuando aumenta el riesgo, también debe aumentar la protección y cuando cambian las condiciones de trabajo, también deben adaptarse las medidas preventivas.

Pocas combinaciones resultan tan exigentes y peligrosas como el calor y el trabajo en altura. Los factores se combinan y deben evaluarse conjuntamente. Planificar adecuadamente los trabajos, hidratarse frecuentemente y mantener todas las medidas de seguridad, sin prescindir de ninguna, son decisiones que ayudarán a terminar la jornada con normalidad y contribuirán a evitar accidentes.

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