La falta de comunicación no solo rompe parejas… Una buena comunicación es esencial para la cultura preventiva

Lecciones de seguridad
La falta de comunicación no solo rompe parejas… Una buena comunicación es esencial para la cultura preventiva

Siguiendo con nuestra saga de los 10 Componentes de la Cultura Preventiva, tras dedicar un post al Liderazgo, hoy vamos a hablar del siguiente elemento que hay que trabajar y desarrollar para mejorar la cultura preventiva de las empresas y organizaciones: la Comunicación. Y es que la falta de comunicación no solo rompe parejas… La buena comunicación es también un atributo esencial dentro de la cultura preventiva de las empresas.

Siguiendo con nuestra saga de los 10 Componentes de la Cultura Preventiva, tras dedicar un post al Liderazgo, hoy vamos a hablar del siguiente elemento que hay que trabajar y desarrollar para mejorar la cultura preventiva de las empresas y organizaciones: la Comunicación. Y es que la falta de comunicación no solo rompe parejas… La buena comunicación es también un atributo esencial dentro de la cultura preventiva de las empresas.

La comunicación es un proceso que a simple vista parece sencillo. En materia de prevención, un emisor lanza un mensaje preventivo que es recibido por un receptor. Y listo, ¿no? Pues no, no se trata de un proceso tan sencillo, sino de algo un poco más complejo, puesto que del desarrollo de ese proceso puede originarse una forma de comunicar que ayude a mejorar la seguridad y la salud de una empresa u organización, o por el contrario que favorezca la producción de errores.

Esto es debido a que a veces el mensaje no consigue llegar como debería hasta el receptor. ¿Por qué? Pues, por un lado, el emisor lanza un mensaje con una información concreta que es emitido con una finalidad concreta, pero ese mensaje puede llevar una parte explicita y otra parte que sea más implícita, que esté relativamente oculta.

Por otro lado, el mensaje se hace llegar a través de un canal y debe ser emitido a través de un código que emisor y receptor deben conocer (verbal o no verbal), aquí ya entrarían muchos matices que pueden interferir en el mensaje, como el tono verbal, los gestos, la postura, los movimientos…)

Además, el proceso de comunicación se produce en un contexto determinado que condiciona la relación entre los componentes involucrados y que puede dotar de nuevos significados al mensaje, o tergiversarlo.

La comunicación tiene una gran carga de intuición e inmediatez y es preciso dominar aspectos muy variados como:

-Los aspectos de contenido: Relativos al mensaje literal que se emite.

  • Se centra en el qué se dice.
  • Se puede verbalizar de manera relativamente sencilla con poco entrenamiento.

– Los aspectos de relación: Relativos a la relación entre los interlocutores.

  • Hace referencia a las intenciones del mensaje, el para qué del mismo.
  • No es tan sencillo verbalizarlo o evidenciar el proceso, lo que da lugar a posibles juegos en la relación, dobles sentidos, malentendidos…
  • Dependiendo del manejo de la situación, la relación entre las personas que se comunican se ve reforzada o debilitada.

Por ello, a la hora de comunicar un mensaje preventivo en una organización hay que plantearse cuál es la manera más adecuada de hacerlo para lograr que el mensaje llegue de la forma correcta y para poder influir de manera positiva en todas las personas que trabajan y se relacionan en la empresa.

Carl Rogers el psicoterapeuta más influyente de la historia, según un estudio realizado entre psicólogos estadounidenses y canadienses, estudió detenidamente los procesos de comunicación esenciales para potenciar y mejorar las relaciones entre las personas. Rogers estableció tres actitudes básicas que pueden crear un marco propicio para la comunicación: la empatía, la aceptación incondicional unida a la ausencia de juicio crítico y la autenticidad.

La empatía, el “ponerse en el lugar del otro”, es la base para poder establecer una comunicación eficaz y constructiva, especialmente en situaciones difíciles o críticas. Es una habilidad esencial para las relaciones personales, con una relativa carga innata, pero con posibilidad de aprenderse y mejorarse con el debido entrenamiento.

En segundo lugar, la ausencia de juicio crítico y la aceptación incondicionales si son bien manejadas suponen una invitación a que la otra persona pueda ser ella misma, y llegue a comunicarse abiertamente y sin miedo a ser juzgada, rompiendo una de las barreras más importantes en la comunicación. Dominar esta habilidad es esencial ya que al crear contextos donde se puedan exponer sin miedo las dudas, problemas, incidentes, … las personas tienden a aumentar el nivel de sinceridad y de compromiso.

Por último, la autenticidad es otra actitud a potenciar, ya que permite crear un clima de sinceridad adecuado. Cuando un interlocutor percibe al otro comunicándose de forma sincera y auténtica, se reduce la probabilidad de que exista un juicio crítico que condicione la conversación.

 

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